Los lugares de la muerte
Según el pensamiento mexica/azteca, después de morir, una persona podía tener varios destinos: Mictlán, Tlalocan, Tonatiuh ichan y Cincalco.
En el Mictlán, la región de los muertos, regía el dios de la muerte: Mictlantecuhtli. A este lugar iban los que morían de muerte natural o enfermedades que no tenían un carácter sagrado. Tenían que pasar por una serie de pruebas hasta que llegaban definitivamente al lugar de los descarnados. Es en este lugar en el que iban guiados por un perro que los acompañaba por su travesía.A Tonatiuh ichan, la casa del sol, era el lugar al que iban los que morían “al filo de la obsidiana”, es decir, en la lucha. También iban las mujeres que morían dando a luz (eran consideradas guerreras que habían muerto en combate). Después de 4 años, estos muertos se volvían hermosas aves (muchas veces, colibríes) y bajaban a la tierra para libar las flores.
Por último, al Cincalco iban los amados por los dioses, que son los niños que mueren en su tierna infancia. Estas criaturas, al morir, iban a la casa del dios Tonacatecuhtli. Ahí había todo tipo de árboles, frutos y flores. Si los niños habían muerto en la lactancia terminaban en el árbol llamado Chichihuacuauhco que era un árbol con pechos que los amamantaba.
“Se dice que los niños que mueren como jades, turquesas, joyeles, no van a la espantosa y fría región de los muertos (al Mictlan). Van allá a la casa de Tonacatecuhtli; viven a la vera del ‘árbol de nuestra carne’. Chupan las flores de nuestro sustento: viven junto al árbol de nuestra carne, junto a él están chupando.”
Las hombres de día de muertos.
Originalmente, los altares se ponían un par de días antes del 1 y 2 de noviembre, es decir, el 30 o 31 de octubre y permanecían hasta el 3. Ahora, es muy común que, debido al esfuerzo creativo que se invierte en colocarlas, se pongan antes y se quiten después. Aunque los 1 y 2 de noviembre no han dejado de ser los días principales. De acuerdo con la tradición, en esas dos fechas nos visitan todas las almas que se desprendieron de sus cuerpos, es decir, nuestros difuntos.

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